Un
milagro no tiene nada que ver con que usted lo merezca o no porque
ninguno de nosotros merecemos la gracia ni el favor, ni el amor, ni la
misericordia que hemos recibido de parte de Dios. Todo lo que recibimos
de El tiene que ver con los méritos que Cristo Jesús, nuestro Señor,
recibió cuando se colgó en la cruz del Calvario por amor a nosotros.
Usted tendrá milagros, no porque usted lo merezca sino porque El es
grande en misericordia, grande en amor y lo quiere tocar a usted. Dios
mira desde el cielo y ve nuestra condición y la Biblia dice que El es
movido a compasión. Así que, ¡claro que usted puede recibir un milagro!
Es más, entre más necesitado esté usted, más candidato es para recibir
un milagro de parte de Dios. Entre más grande sea su necesidad, más
grande será su milagro. Dios hace milagros y El quiere hacer uno en su
vida.
He estado hablandole acerca de las instrucciones que Dios le dio al
pueblo de Israel Dios para proveerles el milagro que necesitaban. El
les dijo ciertas cosas que tenían que hacer de las cuales podemos sacar
5 pasos que son necesarios para recibir un milagro:
1. Despertar la esperanza.
2. Escuchar la palabra de Dios.
3. Aprenda cuando callarse. Quizás usted diga, “ay, ese no me gustó
mucho. A mí me gusta hablar”. Hay veces que usted y yo tenemos que
aprender a estar quietos. El Salmo 46:10 dice, “estad quietos y conoced
que yo soy Dios”. Muchas veces usted y yo tenemos que irnos a encerrar
por ahí, cerrar nuestra boca y simplemente dejar que Dios haga el
milagro.
Cuando el pueblo de Israel estaba llegando a Jericó, Dios les dijo: yo
les voy a entregar la ciudad y les voy a pedir que hagan ciertas cosas
pero voy a querer que se me queden calladitos, nadie comente nada.
Esténse quietos, no estén hablando. Dios les dijo: quiero que marchen
alrededor de la ciudad, y los puso a marchar pero con la condición de
que tenían que hacerlo en silencio. El problema nuestro es que muchas
veces comentamos, hablamos u opinamos tanto que la mayoría de esas
veces nuestra misma opinión va en contra de lo que habla la palabra de
Dios. Muchas veces nuestras opiniones, las opiniones de la comadre, de
la vecina, o del compadre, son contrarias a lo que es la voluntad de
Dios para nuestras vidas, y por eso es que en esa ocasión Dios le mandó
a decir al pueblo de Israel: esténse quietos, no hablen, no digan nada
porque yo voy a obrar, yo voy a hacer la obra. Muchas veces usted tiene
que callar las opiniones de las personas que están a su alrededor.
Muchas veces esas personas son bien intencionadas, pero el hecho de que
tengan buena intención no siempre quiere decir que tengan buena
información y la mayoría de veces una mala información con una buena
intención, produce una mala reacción. Es por eso que usted y yo
necesitamos aprender a escuchar la palabra de Dios, basar nuestras
vidas en ella y dejar que Dios obre.
Probablemente alguien le ha dicho a usted, “no hay remedio para su
hijo, está demasiado perdido en las drogas, en el alcohol, en las
gangas, en las pandillas”. Y quizás usted dice, “ay, pues, de verdad no
hay esperanza”. No escuche esas palabras. La Biblia dice que Dios
vendrá a tu casa y serás salvo tú y toda tu casa. ¡Crea la palabra de
Dios! Por eso es que muchas veces tenemos que guardar silencio y no
comentar, no opinar. Es la opinión de nuestro Señor la que debemos
escuchar.
Asegúrese que las opiniones que usted escuche tengan fundamento en la
palabra de Dios. Por eso usted necesita leer su Biblia todos los días y
dejar que las opiniones de Dios sean sus opiniones.
¡Imagínese si el pueblo de Irael hubiera podido comentar mientras le
daban vuelta a la ciudad por 7 días! Imagínese a las mamás levantándose
temprano, haciéndoles el desayuno a la familia y de repente los hijos
le dicen a la mamá, “mamá, ¿quién nos dijo que debemos darle una
vuelta?” “Pero mamá, ¿para qué otra vuelta si ayer ya le dimos una? Yo
me quiero quedar en la cama”. Imagínese los comentarios de los maridos:
oiga, ¿por qué tenemos que darle otra vuelta a esta cosa? ¡Ya le hemos
dado vuelta todos los días! ¡Yo me quiero quedar en la cama! Y la
esposa, “vámonos viejo, el Señor nos dijo que lo hicieramos”.
Imagínese las conversaciones que pudieron haberse generado mientras
daban las vueltas. Ahí estaban todos pero nadie podía decir nada.
Imagínese si ellos hubiesen podido decir algo como, “¡yo no entiendo
por qué es que tenemos que darle vueltas a esta ciudad! Todo el mandado
lo tengo echado a perder, toda la ropa sucia, la lavadora allá toda
tirada. Tengo que llegar todas las noches a la casa a hacer todo
cansado”. Es que cuando no entendemos lo que Dios está haciendo,
empezamos a decir cualquier cantidad de barbaridades. Por eso es que
muchas veces el Señor dijo, esténse quietos y véanme como voy a obrar,
porque a pesar de su opinión, a pesar de sus comentarios, a pesar de lo
que usted piense o crea, Dios está obrando en el silencio. Usted no lo
entiende, pero Dios se está moviendo.
Quédese callado y no ande diciendo cosas negativas. El diablo solo sabe
de usted, lo que usted dice en voz alta. El diablo no lee pensamientos,
el diablo solo escucha palabras y si usted dice, “es que no hay
remedio”, el diablo dice, “agghhh, ¡me agarro de esa palabra!” Y por
ahí se mete. Por eso no lo diga. Si va a decir algo, diga algo por fe.
Si usted y yo empezamos a analizar, a criticar y a opinar, ahí es donde
se va a meter el enemigo, porque el diablo entra cuando le abrimos
puertas con nuestras palabras y de ahí se agarra para darle a usted más
guerra. No hable, estése quieto y vea como Dios va a moverse. Confíe en
que Dios le va a entregar esa ciudad. Recuerde que Dios al principio le
prometió al pueblo de Israel que le entregaría la ciudad de Jericó y
así lo hizo. De la misma manera Dios le ha entregado a su familia junto
con muchas promesas de bendición y prosperidad. Este será el mejor año
que usted jamás haya vivido en su vida, este es el año de su favor, de
su bendición. Este es el año de la prosperidad de Dios. Simplemente
dígale, “Señor, ayúdame a estar quieto y dejar que tú obres”. “Ayúdanos
a confiar en ti, a no opinar sino dejar que tú obres a favor nuestro”.
Transcripción y edición de texto por Willjosmer Mora para Marcos Witt.
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